
SIETE EN LA MESA, CATORCE ALMAS
Corría apresurada, ¡llegaba tarde! La llamada de teléfono de mi tío me retrasó, pero no quise interrumpirla. Estaba hospitalizado y mantuvimos una hora de conversación fluida, donde me contaba historias apasionantes de su vida.
Todo estaba preparado en el piso franco, así llamábamos a nuestro lugar de encuentro. Comenzaba una experiencia que marcaría nuestras vidas.
El piso estaba lleno de alegría y de ganas de festejar. Una de nosotras cumplía 50 años, motivo para estar de nuevo todas juntas.
La mesa estaba llena de manjares deliciosos, de risas y lágrimas de amor.
Finalizada la cena pasada la medianoche, todas solicitaban la consulta de los oráculos que había llevado. Esa noche no había ingerido alcohol y accedí, sugiriéndoles que me permitieran primero canalizar para ellas y luego leer los oráculos. Todas accedieron con entusiasmo.
—Veo a hombres —comenté, y el alboroto se formó rápidamente en la mesa con silbidos y júbilos.
—No ese tipo de hombres —dije riéndome.
En cuanto empecé a hablar, nuestras caras cambiaron. Nosotras siete estábamos en la mesa, y todas teníamos los padres difuntos. Increíble, pero cierto.
Fueron apareciendo uno a uno todos nuestros padres, ofreciéndonos detalles a cada una de nosotras como garantía de su presencia. ¡Uf! Los pelos de punta. La emoción, las lágrimas, los nudos en el pecho y la garganta, las sonrisas y el amor en nuestros corazones.
Nos dieron mensajes sobre cómo ellos habían vivido sus experiencias de amor de pareja y de amor como padres. Había un objetivo común: trabajar el amor de pareja en nosotras, en colaboración y evolución con ellos.
Era la primera vez que vivía una experiencia como esta; pasamos de ser siete a catorce. Nuestros padres se conocieron y charlaban entre ellos. Estaba atónita, no daba crédito a la camaradería que surgía entre ellos. Me sentí honrada y feliz por el acontecimiento que el destino nos había preparado.
Nos preguntábamos: ¿quién habrá orquestado todo esto? ¿Quién los habrá citado a cada uno de ellos en el mismo momento? No faltó ninguno, todos participaron de la experiencia. Tan solo uno de los padres comentó que estaba en otro lugar, ocupado con sus cosas, y que de pronto vino como un remolino que lo absorbió y lo trasladó al piso. El resto tenía más conciencia del acontecimiento y vinieron voluntariamente, por decirlo de alguna manera.
Las chicas insistían en ver si podía canalizar quién había organizado la agenda de nuestros padres. Yo también tenía curiosidad, pero no me llegaba información alguna.

En uno de los intentos de bucear por el espacio cuántico buscando información, sentí una energía extraña en la habitación que rápidamente detecté como no deseable en ese momento. Nuestros padres se callaron y algunas de nosotras se dieron cuenta y lo comentaron.
Eran las dos de la mañana aproximadamente, en una planta catorce con paredes cubiertas de cristales, presas fáciles de ser detectadas por los espectros de la noche.
Fue una batalla interna que solo yo veía, una batalla que, de no ser por la energía que me sustentaba entre mis amigas y nuestros padres, otro relato contaría. Nunca los había visto tan próximos y con el propósito de parasitar nuestras energías. Se presentó como si de un arcángel se tratara y me despistó al principio. Tenía mis dudas. El silencio de nuestros padres fue lo que me alertó, y progresivamente el silencio se fue apoderando de nosotras.
Sentí el temor de algunas presentes. Mi tono de voz y mi expresión facial cambiaron, y un escalofrío recorrió mi cuerpo, pero me sentía segura y sin miedo, proyectando luz a toda la habitación, marcando nuestro territorio donde no tenían cabida.
Pude verle con mayor claridad y también a su séquito, que como almas en pena le esperaban afuera, esperando una señal para entrar. Tan solo duró unos minutos, para mí también inolvidables. Se marcharon continuando su camino y poco a poco se fue recobrando la normalidad en el piso.
No le di importancia a lo sucedido para quitarle hierro, realizando otro brindis para seguir festejando, tanto ellos como nosotras.
Me sentí afortunada y bendecida de poder ser canal y transmitir la información de la mejor forma que sé.
Pasamos luego a leer los oráculos que les prometí, olvidándonos de la intromisión de los ocupas de baja vibración que nos acababan de visitar. Nos dieron las tantas de la madrugada celebrando. No tenía sueño, me sentía muy excitada y agradecida por todo lo vivido, por tener a mis amigas y por la oportunidad de ver y sentir a mi padre con tanta claridad.



